La escuela va a Landrú

Parece al revés, pero no. La frase que da título a esta nota es correcta: la escuela va a Landrú. Porque el miércoles 29 de mayo, a las 10 de la mañana y en un día de lluvia que quería amargar la ilusión de muchos, 30 alumnos de sexto grado del Colegio San Tarsicio de Capital Federal visitaron la muestra “Breve historia universal de Landrú” en la Biblioteca Nacional.

Con mucha energía, preguntas curiosas, risas por doquier y un deambular inquieto, el grado completo, acompañado por su maestra, llegó hasta las salas Leopoldo Lugones y María Elena Walsh de la Biblioteca, donde fueron recibidos por integrantes del equipo de Fundación Landrú. Entre ellos se encontraba Raúl Colombres, que no solo es presidente de la fundación sino también hijo de Landrú. Con semejantes títulos en su haber, Raúl fue el mejor guía posible para la visita de los chicos por la muestra, que da cuenta de la extensa obra de Landrú.

De su voz escucharon sobre el origen del apodo “Landrú” y estuvieron atentos al relato sobre Tía Cora y el gato Frufrú como inspiradores de dos de los personajes más emblemáticos del dibujante, Tía Vicenta y el querido y sonriente gato. Además de esas y otras anécdotas personales y profesionales, Raúl destacó que en el humor de Landrú nunca había malas palabras.

Entre tantos chicos, Raúl Colombres no fue el único que habló. Porque en la escuela los chicos y su maestra habían leído, trabajado (y reído) sobre la obra de Landrú. Por ello, tanto la docente como muchos de los alumnos se encargaron de preguntar y comentar sobre todo lo que veían en la muestra. Y así, entre preguntas, respuestas y risas la visita fue terminando.

Pero antes de que los chicos regresaran al colegio, todos se llevaron una sorpresa. Los alumnos, por su parte, recibieron como obsequio láminas con ilustraciones de Landrú para colorear. Y el equipo de Fundación Landrú no pudo más que alegrarse cuando, al pedido de “digan whisky” en la obligada foto final, uno de los chicos dijo: “No, digan Bidú”.

Había quedado claro. La lluvia, esa que tantas molestias y malhumores generó en los porteños durante abril y mayo, no pudo esta vez con la buena onda de los chicos y el genial humor de Landrú.