Chipecondién

14.Chipecondién

El 28 de octubre de 1976 mientras cabalgaba cerca de Piedra Seca, en La Rioja, el paisano Agenor Taboada, de 68 años, oyó un gemido que le pareció extraño en un sitio tan apartado. Además no era un gemido de adulto que se muriera de sed, porque se le mezclaba un curioso y desamparado lloriqueo infantil. Don Agenor frenó su redomón y al repetirse el gemido logró orientarse, como gaucho baqueano, hasta la parte trasera de un peñasco que estaba a un metro de distancia. Y allí comprobó que el gimiente era un recién nacido y deshidratado.

-¡Pobre chiquito!- dijo compasivamente Don Agenor. Y el pequeño le sonrió, mostrándoles unos dientes inmensos que sobresalieron en el acto de sus labios y repuso:

-Chiquito pero con dientecitos.

Solo entonces Don Agenor reconoció que había hecho mal no dando crédito a la leyenda de Chipecondién.