“Un fan del gran maestro”

Con esas palabras que dan título a esta nota, Pablo define a Ángel, su papá. Se trata de un verdadero seguidor de Landrú desde la primera hora y que en este 2017 se puso en contacto con la fundación para compartir el material sobre el humorista que atesora desde hace tantos años.

Un buen día, Ángel y Pablo escribieron al área de Documentación de Fundación Landrú para darnos una linda noticia: tenían muchas revistas, dibujos y notas periodísticas de y sobre Landrú que querían acercarnos para que sean incorporados al archivo.

A partir de ese momento, el ida y vuelta se hizo frecuente. Ángel y Pablo, que viven en Córdoba, comenzaron a digitalizar y enviar ese material. Y desde la fundación no sólo empezamos a documentarlo, sino también a descubrir la historia que había detrás. Con la ayuda del Skype, días atrás conversamos con ellos y pudimos ver y escuchar a Ángel relatando cómo se hizo seguidor de Landrú: “Fue por el 57, coincide con la aparición de Tía Vicenta. Con un señor que era profesor de dibujo y tenía un taller, salíamos a comprar la revista Tía Vicenta. Empecé a tomar relación con su humor, que era distinto a lo que había en ese momento. Llegaba todas las semanas a Córdoba. La comprábamos para leerla juntos, esperábamos toda la semana para leer los chistes”.

Lo que más le gustaban eran los personajes, como la familia Cateura y el Señor Porcel, y confiesa que en la actualidad, a sus 78 años, muchas veces saca a la luz los recortes que tiene para leerlos y reírse con su esposa.

Formado como dibujante y pintor en la Escuela Superior de Bellas Artes, Ángel trabajó en el área de publicidad de una casa de instrumentos y electrodomésticos y siempre estuvo ligado a la pintura y el dibujo. Hoy sigue pintando y disfrutando de la enorme biblioteca de humor, arte y dibujo que cultivó a lo largo de su vida.

“El compró toda su vida -desde que yo tengo conciencia- todos los santos días, libros, revistas y publicaciones de arte. Al día de hoy tiene cientos de libros, publicaciones de revistas y recortes, los cuales atesora con amor. Tiene muchos referentes, ya sea nacionales e internacionales, que le sirvieron de ejemplo y le marcaron su vida. Pero el principal, y al que más aprecia es Landrú. Él guarda como oro hasta el más mínimo recorte de una viñeta o historia. Están amarillos los trocitos de papel por el paso del tiempo, pero todavía los conserva y los agenda en libros para que no se arruinen. Se podría decir, aplicando términos actuales, que es un fan de las obras del gran maestro del humor”, concluye Pablo su hijo y cómplice en esta historia.