Alas para Sábat

Otro grande del humor gráfico se ha ido. El 1 de octubre, Hermenegildo Sábat falleció en su casa mientras dormía. Podría haber sido una noche como otras, luego de su jornada de trabajo en el diario Clarín, en donde publicaba sus dibujos desde 1973. Pero no. A la mañana siguiente, la noticia de su muerte sorprendió y entristeció a muchos, no solo en Argentina sino en América Latina. Es que Menchi, tal el apodo de Sábat, era un grande en varios países.

Para despedirlo como corresponde, en Fundación Landrú recordamos algunas de las viñetas de su vida y su carrera, que en varias ocasiones coincidieron con las de Landrú. Caricaturista, artista plástico, periodista y escritor. Amante de la música, principalmente del jazz y del tango, Hermenegildo Sábat dejó su huella en el dibujo y en la historia del periodismo.

Nacido en Montevideo en 1933, Sábat debutó como caricaturista en el diario uruguayo El País, cuando tenía solo 15 años. Tiempo después, en 1966, se mudó a Buenos Aires y comenzó ese año a colaborar en la revista Adán. Sin embargo, su vínculo con Argentina ya estaba trazado, pues en 1959 había colaborado en Tía Vicenta, la emblemática revista creada y dirigida por Landrú.

Su consagración llegó en el diario La Opinión, de Jacobo Timerman, donde empezó a publicar en 1971. Allí, Sábat era quien daba la faceta gráfica al diario, que carecía de fotografías.

Caminos encontrados

La trayectoria profesional hizo que Sábat y Landrú compartieran varios espacios de trabajo. Por ejemplo, Clarín. Sábat comenzó a publicar en ese matutino en 1973 y Landrú en 1972. Aunque Landrú lo hizo hasta 2008 y Sábat hasta el día anterior a su muerte. Ambos publicaban en las secciones principales del diario, “Política” y “Economía”; Landrú hacía chistes y Sábat caricaturas.

La entrada de Sábat y Landrú en Clarín fue parte de la renovación gráfica del diario, cuando por esa época también se nacionalizó la contratapa, incluyendo dibujantes argentinos.

Otra coincidencia entre Sábat y Landrú es que ambos eran amigos del periodista Rogelio García Lupo. Sábat daba cuenta de su amistad con una foto suya en la puerta de su oficina de Clarín y Landrú, luego de conocerlo en Tribunales, se inspiró en él y creó querido el personaje Rogelio, el hombre que razonaba demasiado.

Además, los dos publicaron en la misma época en la revista Primera Plana, también de Jacobo Timerman. Sábat publicó desde octubre de 1966 hasta el cierre y Landrú entre mayo de 1968 y abril de 1969. Landrú hacía caricaturas políticas y Sábat dibujaba para la sección “Artes y espectáculos” junto a Miguel Brascó.

Por estas y otras coincidencias y ámbitos compartidos, Sábat hizo su aporte en el libro Landrú! El que no se ríe es un maleducado, escribiendo un sentido perfil de su colega, titulado “El don de la elegancia”.

Ser noticia

Sábat, como Landrú, también fue protagonista de las noticias. Porque además de dar cuenta de la realidad con sus caricaturas y dibujos, ocupó los titulares de los grandes medios al recibir premios y distinciones. Fue reconocido, al igual que Landrú, con el Kónex, el María Moors Cabot y con la declaración de Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires. Menchi, además, recibió el Premio de la fundación Nuevo Periodismo Latinoamericano en 2005, de manos de Gabriel García Márquez, y la Mención de Honor Domingo Faustino Sarmiento, que entrega el Senado de la Nación.

Estos días, la noticia de su fallecimiento lo volvió a llevar a la tapa de los diarios. Conmovidos por su partida, lo recordamos con una frase, extraída de una entrevista que dio al suplemento La Palabra, del diario La Opinión, de Rafaela, que lo define a la perfección: “Creo que hay cosas que no están escritas. Evidentemente, por lo menos yo, no incurro en la posibilidad de hacer cosas explícitas, hay algo de picardía sin duda, pero nunca hay ataque concreto, o por lo menos yo no los he efectuado”.