Adicto a Landrú

 

Carlos Parodi, declarado fan de Landrú, tiene 56 años pero le gustaría ser mayor. Sí, porque si bien nació en 1964, es tan fanático del humorista que le hubiera gustado nacer antes para poder haber vivido los 70 con veintipico de años y así haber disfrutado a pleno de su humor. Claro, “soy adicto a Landrú”, se confiesa.

Esta fuerte confesión, capaz de sobresaltar los ánimos de Mirna Delma, ocurrió el caluroso 3 de febrero en las oficinas de Fundación Landrú. Recibido por Raúl Colombres e integrantes del equipo de trabajo, Carlos realizó una importante donación de material con textos, dibujos y chistes de Landrú. Entre las piezas que donó se encuentran varias notas de prensa sobre Landrú y su obra; avisos ilustrados; páginas de humor de revistas, como Gente, El Gráfico, Vea y Lea; algunas revistas de La Nación de la década del 70 y un ejemplar del suplemento “Hoy en la Cultura” con un chiste en la tapa.

En total fueron más de 100 publicaciones que, con tanta emoción como generosidad, Carlos entregó al cuidado de Fundación Landrú para que sean preservadas, digitalizadas y compartidas con muchas personas más. Igualmente, y a pesar de que no se considera un verdadero coleccionista, es tan fanático de Landrú que antes de concretar la donación se ocupó de fotocopiar todo e, incluso, fotografió algunos chistes que conserva en su celular, para tenerlos siempre a mano. “No hay mejor tónico o brebaje que el humor de Landrú”, afirma, y cuenta que algunos días, en sus momentos de ocio, recurre a los recortes fotocopiados de Landrú y se ríe solo.

 

 

Primero Landrú y después Fundación Landrú

El vínculo de Carlos con Landrú es de larga data. Proveniente de una familia de lectores, cuando era chico tenía frecuente contacto con las revistas y los diarios en los que publicaba el humorista, como Primera Plana, Siete Días, Gente y La Nación. Por supuesto, en su casa se compraba Tía Vicenta. Incluso en las lecturas de su hermana mayor, como las revistas Vosotras, Claudia y Para Ti, también había chistes y textos de Landrú. Por si fuera poco, su papá le decía que se parecía a un personaje de Landrú. 

Con semejante sobredosis de Landrú, a Carlos no le quedó otra opción que reírse con su humor y comenzar a admirarlo. Y de a poco empezó a juntar dibujos, chistes, textos y demás.

Años atrás, en 2016, Carlos se puso contacto con Fundación Landrú para comenzar a compartir el material que estaba recopilando. Mail va, mail viene, la relación fue creciendo, hasta que, nuevamente, no quedó otra opción que pasar al siguiente paso: conocerse. 

Tras varias gestiones, la ansiada cita se concretó este lunes 3 de febrero. Y de la mano del encuentro se concretó la donación. Emocionado no solo por visitar la fundación y entregar el material a buen resguardo, sino especialmente por conocer a Raúl –¡el hijo de Landrú!–, Carlos nos deleitó con una prolongada charla. Durante la conversación contó que se sabe chistes de Landrú de memoria y que le hubiera gustado mucho conocerlo personalmente. 

“Ya no hay humoristas como Landrú, con esa visión sociológica y ese humor absurdo”, dijo cuando se despedía, sin desazón alguna, pues el vínculo entre Carlos, Landrú y la fundación es un claro ejemplo de participación colectiva y ya está bien consolidado. Por ello, esta despedida es, en realidad, un hasta pronto.