Cada vez que en la Argentina vuelve a discutirse una reforma laboral, reaparecen las mismas palabras: jornada, salarios, despidos, indemnizaciones, sindicatos, desempleo. Cambian los gobiernos, cambian los contextos, cambian los nombres de los proyectos. Pero los debates vuelven, una y otra vez, al centro de la escena pública.

Las noticias de hoy —paros, sesiones tensas en el Congreso, discusiones cruzadas— podrían leerse como algo estrictamente contemporáneo. Sin embargo, basta mirar hacia atrás para descubrir que muchas de esas discusiones ya estaban ahí. Y que, incluso, ya habían sido observadas con lupa por el humor gráfico.
A lo largo de distintas décadas, Landrú volvió una y otra vez sobre el mundo del trabajo. No desde el lenguaje técnico de la política o la economía, sino desde el humor: ese lugar incómodo y lúcido que permite ver contradicciones, absurdos y zonas grises que suelen quedar fuera del discurso oficial.
El trabajo como tema recurrente
En las viñetas de Landrú aparecen empleados, jefes, burócratas, trabajadores cansados, funcionarios entusiastas y ciudadanos desconcertados. Aparecen la incertidumbre, la desconfianza, el miedo al desempleo y también las promesas de soluciones simples para problemas complejos.
Estas viñetas no fueron pensadas para “hablar del presente”. Fueron dibujadas en otros momentos, bajo otros gobiernos y en otros climas políticos. Pero vistas hoy, dialogan de manera directa con la agenda actual. Ahí está, una vez más, la discusión sobre la jornada laboral. Ahí vuelve la pregunta por los salarios. Ahí reaparece la tensión entre derechos, costos, reformas y ajustes. Y ahí, siempre, el temor al desempleo y a los despidos.
Ejes que se repiten
Las imágenes que acompañan esta nota recorren algunos de esos ejes que, década tras década, vuelven a ponerse en discusión: el tiempo de trabajo y su extensión, el salario y su pérdida de sentido, el rol de los sindicatos, la promesa —o la amenaza— de la flexibilización, el desempleo como fantasma persistente, y las indemnizaciones como terreno ambiguo entre derecho y compensación.








Cada una de estas escenas pertenece a otro momento de la historia. Y, al mismo tiempo, cada una podría haber sido publicada ayer.
Ayer y hoy
Antes, como ahora, la reforma laboral se presenta como una respuesta a problemas estructurales. Antes, como ahora, genera apoyos, rechazos, paros, titulares y discusiones encendidas. Antes, como ahora, conviven promesas de modernización con temores a la pérdida de derechos y a la precarización.
Landrú no proponía soluciones técnicas ni tomaba partido en términos programáticos. Hacía algo distinto y, quizás, más duradero: mostraba el costado humano, contradictorio y a veces absurdo de esos debates. Ponía en escena a los personajes, las situaciones y las frases que se repiten, aun cuando cambian los decorados.
Mirar con humor, pensar en serio
Volver a mirar estas viñetas hoy no es un ejercicio de nostalgia. Es una forma de entender que algunos debates atraviesan generaciones y se reformulan una y otra vez con nuevas palabras y viejos problemas.
Cambian las épocas. Los debates se repiten. Y el humor de Landrú sigue siendo una herramienta poderosa para mirarlos con distancia crítica, para dudar y, sobre todo, para volver a pensar.