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Se escribe Juan Carlos Colombres, pero se pronuncia Landrú (IV)

Por Norah Cooke

6 de julio de 2022

En esta cuarta parte de la entrevista, Landrú habla de su relación con la política y los políticos; y el secreto de la vigencia de su humor.

Primer plano del humorista gráfico argentino Juan Carlos Colombres Landrú foto 1990

Usted que hizo tantos chistes políticos, ¿nunca tuvo problemas con el gobierno de turno? 

«Nunca tuve una querella, un juicio por calumnia o por injuria. Onganía me cerró la revista ‘Tía Vicenta’, porque le pareció que el chiste de la tapa constituía una falta de respeto, y al contrario, porque era así: dos morsas conversaban, y una le decía a la otra: ¡Al fin tenemos un gobierno como Dios manda! 

Pensar que cuando la cerró estaba en su apogeo, había 400 mil ejemplares pedidos por el distribuidor para el domingo siguiente, día en que salía con el diario El Mundo. A partir de esto el diario comenzó a declinar y cerró. 

Además, a los políticos en la Argentina se les ha puesto nombres de animales a todos: a Yrigoyen le decían ‘el peludo’, a Aramburu Lino Palacio lo bautizó como ‘la vaca’, porque tenía apellido vasco y en esa época todos los lecheros eran vascos, a Alende le decían ‘el bisonte’, a Frigerio ‘el tapir’. Yo bauticé a Alsogaray ‘el chanchito’, a Illia ‘la tortuga’, a Videla ‘la pantera rosa’. Y también estaban ‘los gorilas’. En cambio a Alfonsín le puse ‘Chapulín colorado’, Chapulín rima con Alfonsín. Pero todo no con intención peyorativa sino como un chiste. 

Tuve problemas con los militares una vez, porque hice un teorema que decía: El cuadrado de un general es igual a la suma de los cuadrados de dos coroneles. Era en la época de Aramburu, él me llamó y me dijo: Vea, están enojados los coroneles con usted, pero cuenta con mi permiso para hacer todo lo que quiera. Aramburu tenía un gran sentido del humor, y de la libertad. Y a Rojas tampoco le importaba que lo hiciera bajito y negro, y lo llamara ‘hormiga negra’. Cuando se fueron, ambos me pidieron la colección de ‘Tía Vicenta’. 

También tengo una anécdota con relación a John William Cooke hijo: en el año 52, 53, Perón vio que se le estaban poniendo las cosas muy feas, y simuló que había libertad de prensa. Iba a salir una sola revista y después no se pusieron de acuerdo y salieron dos, una se llamaba ‘De frente’, dirigida por Cooke, y otra, ‘Esto es’, dirigida por Tulio Jacovella. Da la casualidad de que en las dos me pidieron que dibujara. Cuando me llamaron le dije a Cooke que yo ni era peronista ni haría propaganda peronista, y él me respondió: No, usted hace lo que quiere.» 

¿Por qué algunos dibujantes publican chistes gráficos que uno los mira, los remira y no los entiende? 

«Los franceses inventaron el tipo de humor sin palabras, muchos dibujantes lo logran muy bien, pero hay otros que no. El problema está también en el dibujo, cuando yo hago una escena en la calle, trato de que se vea un auto, un semáforo, un edificio, para ubicar a la gente, pero hay otros dibujantes que quieren que el lector lo interprete sin darle una pista. Para mí tiene que entenderse enseguida, si no uno lo pasa.» 

Seguramente hay un secreto para mantenerse vigente a través de tantos años y de circunstancias tan diversas. 

«Hay dibujantes que se ponen de moda dos, tres, cuatro años, y después desaparecen. Puedo nombrar 500. Pero yo descubrí una cosa para estar vigente, casi sin darme cuenta: hacer el dibujo de actualidad, como los sucesos cambian todos los días… Si hago un buzo, o un deshollinador, llega un momento en que ese personaje de historieta muere, en cambio si cada día el chiste es sobre lo que pasa en el país o en el extranjero, el contenido se va renovando. Claro que otro secreto es estar informado, no sólo de política sino incluso de espectáculos. Como un chiste mío publicado el otro día en que se leía: A continuación viene el programa ‘Amo y señor’. Y la señora gorda le dice al marido: Querido, creo que va a hablar Menem.» 

Sí, esta profesión suya hace que esté superinformado… 

«Leo tres o cuatro diarios en casa a la mañana, y tengo la radio encendida hasta las cuatro y media de la tarde, hora en que me voy al diario. Llego a ‘Clarín’ ya con las ideas y los bocetos, leo el panorama de cada sección: economía, política, información general, educación, y ahí agrego algún dibujo más. Después se los muestro al director, y él elige cuál quiere que vaya. 

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