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Landrú: 100 años de buen humor

Por Fundación Landrú • Ilustraciones: Landrú

19 de enero de 2023

LANDRÚ. El genial humorista gráfico argentino Juan Carlos Colombres.

Hoy no es un día más ni una efemérides común y corriente: Juan Carlos Colombres, nuestro querido Landrú, cumpliría 100 años. En la Fundación -creada a partir de un pedido especial que el dibujante le hizo a su hijo Raúl-, pensamos decenas de homenajes que se llevarán a cabo durante todo el 2023 y ya comenzaron en Mar del Plata con la muestra en el museo Juan Carlos Castagnino. Pero, nobleza obliga, nos trabamos a la hora de pensar esta nota. ¿Qué podíamos hacer? ¿Una simple biografía? ¿Un texto lleno de cursilerías que a él tan poco le gustaban? 

Como siempre, cada vez que tenemos dudas, Landrú nos da la solución. En esta ocasión, con una desopilante autobiografía no autorizada, escrita por él mismo, que aquí transcribimos. ¡Basta de cháchara! Pasen y lean…

¡Y feliz cumpleaños, Landrú! 

AUTOBIOGRAFÍA NO AUTORIZADA DE LANDRÚ. POR LANDRÚ

19 DE ENERO DE 1923. Nací a los seis años de edad por decreto del gobierno N°13.328. «Decrétase el nacimiento del niño Colombres. Notifíquese, hágase saber a la Dirección General del Jurassic Park y archívese en el Museo de la Caricatura Política».

2 DE FEBRERO DE 1923. Trataron de bautizarme con el nombre de Hipólito Canuto. Hipólito por Yrigoyen y Canuto por festejarse el 19 de enero el día de dicho santo. Finalmente me bautizaron con el nombre de Juan Carlos en homenaje, por supuesto, al general Juan Carlos Onganía. 

FEBRERO DE 1926. Vivía en la calle Cangallo (en esa época se llamaba Juan Domingo Menem) y luego me mudé a una casa de la calle Tucumán. Andando en triciclo por el patio, pisé una culebra y la partí en dos. Una punta de la culebra fue hacia un costado y la otra huyó hacia el costado opuesto, enterándome desde ese día, que fue domingo, que existe una izquierda y una derecha. 

1929. Ingresé a la escuela «Cinco esquinas» (que en esa época se llamaba «Dos esquinas» porque todavía no se había inventado la inflación). 

1930. Un día que no hubo clases me enteré por el paso de muchos aviones que había una revolución. Yrigoyen, a quien llamaban el Peludo, perdió por seis aviones a cuatro. 

1933. Mi diversión principal de esa época era jugar al cuarto oscuro con amigas de mis hermanas y mis primas. Tuve mi primer problema con la censura. 

1936. Ingresé al secundario en el colegio Sarmiento. Ahí perfeccioné mis dibujos y textos humorísticos que estaba ensayando desde la escuela primaria. Durante el bachillerato escribí una biblia que se llamaba «Génesis Novísimo», que trataba de la formación de la Tierra y del origen del hombre. También del origen de la mujer, pero menos. 

1937. Me aplazaron en la materia Castellano porque dije que el futuro del verbo robar era Villa Devoto. 

1943. Ingresé en la Facultad de Arquitectura, carrera que luego abandoné porque me di cuenta de que todas las casas estaban hechas, menos la de la Biblioteca Nacional. 

1945. Se producen dos acontecimientos: lo que ocurrió el 17 de octubre y la publicación de mi primer dibujo en la revista «Don Fulgencio». Estaba tan contento que exclamé: «Mañana es San Landrú». 

1946. Publiqué mi primer dibujo político en la revista «Cascabel». Desde ese día todo el mundo me señaló con el dedo gordo y la munda con la deda gorda. Y además la SIDE me puso el sello de gorila comunista. 

1948. Entré a Tribunales, cargo al que tuve que renunciar ya que un día en que todo el mundo fue a trabajar con corbata negra, yo me puse una con rabiosos dibujos multicolores («Tutankamón look») y a otra cosa, mariposa. 

1953. Desesperado por la falta de trabajo, recorrí las redacciones de todas las revistas hasta ubicarme en 13. Renuncié a una de ellas porque soy supersticioso por parte de madre. 

1955. Otra revolución y se produce el destape político, por lo que decidí editar una revista de humor político. Después de mucho discutir con la gente que ponía el dinero, la llamé «Tía Vicenta» en homenaje a mi «Tía Cora». 

1959. El Departamento de Estado de los EE.UU. me invitó a recorrer todo el país del Norte. Ahí descubrí que los Estados Unidos limitan al norte con Canadá, al este con el Atlántico, al oeste con el Pacífico y al sur con Cantinflas. El efecto tequila vino después. 

1966. Onganía clausuró «Tía Vicenta» por haberlo dibujado como una morsa. 

1971. Me premiaron en la Universidad de Columbia con el premio «Morsa Cabot»

1972. Ingresé como dibujante de humor político en Clarín, labor que continúo realizando luego de haber salteado los escollos de Lanusse, Cámpora, Perón, Isabel, la Pantera Rosa, Alfonsín y el voto cuota. Mérito harto importante a pesar de no recordar bien, pues sufro de vez en cuando de desvanecimientos mentales, de haber llegado virgen al matrimonio o no. 

1991. Indulté al general Onganía. 

2003. Me nombran Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires. Durante mi discurso le aclaré a los presentes que no se iban a liberar fácilmente de mí. “Espero verlos nuevamente cuando me declaren Patrimonio Cultural de la Humanidad”, les dije.

2012. Mi hijo Raúl vino a visitarme a mi casa. Como no se me ocurrió nada ingenioso, le pedí que “industrializara” mi obra. Se quedó perplejo, pero al poco tiempo él y mis nietos Gonzalo y Diego entendieron que mi deseo era que mi trabajo se mantuviera siempre vigente. Quizás se les ocurra algo…

2015. En el evento por el primer aniversario de la Fundación que lleva mi nombre, grabé un video y dije: “Señoras y señores, estoy muy agradecido por la oportunidad que ustedes me han dado de formar algo que a mí me interesa mucho. Ahora porque estoy un poco anciano, no trabajo. Tengo 92 años, seguiré aportando todo lo que pueda, todos los dibujos, a la Fundación. ¡Señoras y señores! ¡VIVA LA FUNDACIÓN, PORQUE AHÍ ESTÁ LA SOLUCIÓN! Jajaja… Parezco un político…”.